“Necesitamos invertir en radares. Chile no invierte en radares, nunca ha invertido en radares”, emplazó la alcaldesa de Las Condes, Catalina San Martin, tras los devastadores efectos del aluvión que golpeó San Carlos de Apoquindo. En paralelo, el subsecretario del Interior, Máximo Pavez, aseguró que se deben avanzar en buscar fórmulas para la adquisición e instalación de radares meteorológicos, señalando que es una inversión cuantiosa esencial para mejorar el monitoreo a nivel nacional.
En términos sencillos, los radares meteorológicos son instrumentos vitales para el monitoreo en tiempo real y con alta precisión de fenómenos meteorológicos localizados, como lluvias intensas, tornados, vientos fuertes o tormentas. Su uso mejora significativamente la capacidad de observar las precipitaciones, especialmente en sectores cordilleranos donde el acceso complica el monitoreo atmosférico.
Un radar emite ondas electromagnéticas que rebotan en gotas de lluvia y partículas de la atmósfera. Analizando estas señales, es posible identificar dónde y con qué intensidad está ocurriendo la precipitación, facilitando la comprensión de la evolución de fenómenos meteorológicos. Los radares modernos son cruciales porque ayudan a distinguir tipos de lluvia y a identificar la capa de deshielo, lo cual es muy relevante en la evaluación del riesgo de crecidas e inundaciones.
Aunque los radares meteorológicos no previenen directamente los aluviones, son herramientas clave para la gestión de riesgos de desastres. Su función es anticipar las condiciones que los provocan. En la seguridad pública, disponer de una red nacional de radares permite generar un tiempo de respuesta decisivo para activar protocolos de emergencia, ya sea cerrando rutas o reforzando la vigilancia.
La prioridad de avanzar en una red nacional de radares meteorológicos radica en la brecha actual en la observación meteorológica chilena. Si bien los modelos meteorológicos permiten anticipar sistemas de lluvia con horas de antelación, los radares aportan el detalle minuto a minuto de dónde y cómo está evolucionando la lluvia.
Un radar puede actualizar sus observaciones cada pocos minutos, lo que es fundamental para seguir núcleos de lluvia intensa y mejorar el pronóstico inmediato. Sin embargo, es vital entender que la tecnología radar no predice el desastre por sí sola. Para las alertas, se requieren sensores de terreno, modelos hidrológicos y protocolos de decisión claros, elementos esenciales en la gestión de riesgos de desastres.
El interés en la tecnología radar no es nuevo. Expertos señalan que la instalación de una red completa requiere planificación y una inversión sostenida. Se está evaluando reflotar la iniciativa mediante la adquisición de radares meteorológicos y estaciones de monitoreo.
En cuanto a la comparativa internacional, Chile, junto a otros países de Sudamérica, enfrenta un desafío en la existencia de una red nacional operativa. La incorporación de radares meteorológicos modernos es clave para mejorar el monitoreo de las crecidas y remociones en masa, fortaleciendo así la preparación del país ante desastres naturales.
