En Talcahuano, una familia despidió tristemente a su hija de 5 años, tomando una decisión noble: donar sus órganos para salvar la vida de otros niños. Entre ellos, un hígado compatible con una pequeña de dos años, cuya vida ha sido una carrera contra el tiempo desde su primer mes. Sin embargo, esa esperanza se rompió en horas, no por falta de voluntad médica ni donante, sino por negligencias que impidieron trasladar el órgano a Santiago desde Concepción.
Existen rigurosos protocolos y procedimientos para la procuración y traslado de órganos. El Estado asume todos los costos médicos, incluyendo el procuramiento, traslado y cirugía del trasplante. Una coordinación nacional dirige todo, desde extraer los órganos hasta prepararlos para recepción en centros de salud con pacientes compatibles.
Desde el Ministerio de Salud se explicó que primero se intentó un vuelo comercial, luego se activaron protocolos con Senapred y otras organizaciones. Pero no hubo aeronaves disponibles. El Estado Mayor Conjunto solo ofreció un vuelo demasiado tarde, mientras la Armada confirmó que nunca fue requerida.
La menor receptora, diagnosticada con síndrome de Alagille desde su primer mes, continúa en casa, aislada para evitar enfermedades y esperando una noticia positiva. El Ministerio de Salud, el Servicio de Salud de Talcahuano y Senapred no han emitido declaraciones sobre la situación.
La familia de la donante, aún en duelo, mantuvo silencio. Su gesto generoso terminó vulnerado por una burocracia que falló en garantizar que un órgano vital llegara a destino en tan solo 1 hora. No era solo un traslado; era la posibilidad de celebrar nuevos cumpleaños, ir a la escuela y seguir sonriendo con una niña.
