El aniversario del 18 de octubre ha generado un intenso debate en la política chilena, haciendo que la derecha política analice las lecciones de 2019. Este contexto se complica con la aparición de figuras como José Antonio Kast en La Moneda, intensificando las diferencias sobre la gobernabilidad y las demandas pendientes del país. El Gobierno optó por no realizar una conmemoración oficial, lo que ha desatado tensiones internas en sectores como Republicanos y Renovación Nacional, poniendo foco en la transparencia de las instituciones.
Aunque el Presidente llamó a mirar hacia el futuro y pidió evitar la repetición de la violencia, su decisión de no celebrar un evento oficial afectó la cohesión de la derecha. En Republicanos, han surgido molestias internas, aunque primó la disciplina, y la colectividad no organizó un acto propio. Andrea Balladares, presidenta de RN, cuestionó públicamente una disputa entre aliados, argumentando que el análisis no puede limitarse a la violencia, sino que debe incluir las demandas sociales legítimas.
La unidad política también falló. El PNL, que no forma parte del oficialismo, manifestó no haber sido invitado, mientras que la UDI negó este tipo de riesgo de crisis y sostuvo que la convocatoria sí se había realizado. Esta fragmentación subraya la complejidad del debate post 18-O y mantiene viva la discusión sobre cómo abordar la crisis social y restaurar la confianza ciudadana en el sistema político.
