Las regiones de Valparaíso, Coquimbo y Atacama han enfrentado recientes sistemas frontales y intensas precipitaciones, lo que ha reactivado la preocupación sobre la gestión de los depósitos de relaves. Estos relaves, que son el desecho de la actividad minera tras la extracción de cobre y otros minerales, acumulan residuos químicos y metales pesados, representando un grave riesgo ambiental latente para las comunidades cercanas. El reciente caso en Minera Las Cenizas en San Felipe es un ejemplo de cómo los eventos climáticos extremos pueden poner en peligro la estabilidad de estos depósitos.
La bióloga Flavia Liberona, directora ejecutiva de la Fundación Terram, detalla los peligros que enfrentan los depósitos de relave. En Chile, se han catalogado más de 839 relaves por Sernageomin, con una gran concentración en Atacama y Coquimbo. El relave es el subproducto fino de la molienda y chancado del mineral. Además del riesgo directo por la saturación hídrica durante las lluvias, estos depósitos son vulnerables a catástrofes sísmicas, como lo demostró el terremoto de 2010 y el desastre de 1965 en Nogales. Estos desechos minerales representan una amenaza considerable para la población y exigen una acción estatal activa para disminuir el riesgo.
El peligro ambiental va más allá del colapso físico. Los relaves contaminan los acuíferos y los cursos de agua, especialmente cuando el agua de contacto se filtra. Este proceso de lixiviación permite que los metales pesados percole bajo tierra. Incluso en ausencia de lluvias, el relave seco expuesto al viento genera contaminación atmosférica, afectando la salud respiratoria de las zonas con alta concentración de actividad minera.
La gestión de estos residuos mineros es compleja. A pesar de que Chile es un país con una de las mayores concentraciones de depósitos de relaves a nivel mundial, se carece de una política pública integral. Existen relaves activos y otros inactivos, muchos de ellos abandonados o sin una delimitación clara de propiedad. Se necesita urgentemente un estudio que priorice la toxicidad de estos desechos, ya que los relaves más antiguos y abandonados suelen ser los más peligrosos.
La autoridad debe hacerse cargo de mitigar el riesgo tanto físico como químico de estos depósitos. Es fundamental implementar un monitoreo continuo y transparente del estado de los relaves, especialmente aquellos situados cerca de centros poblados. Es crucial mejorar la fiscalización y normar el tratamiento de estos desechos mineros para proteger los ecosistemas y garantizar la seguridad pública.
