Cada cuatro años el Mundial de fútbol fabrica ídolos impensados. Algunos aprovechan ese impulso para convertirse en leyendas en el fútbol. Otros viven el mejor mes de su carrera y, pese a la fama, los contratos millonarios y las portadas, jamás vuelven a jugar al mismo nivel.
Un Mundial tiene algo que ningún otro torneo ofrece. Puede convertir a un desconocido en una celebridad planetaria en apenas cuatro semanas. Mientras figuras históricas como Pelé, Maradona, Ronaldo o Messi confirmaron una grandeza ya conocida, otros vivieron una historia muy distinta. Fueron los protagonistas insospechados de una Copa del Mundo, emocionaron a millones de personas y parecían destinados a dominar el deporte durante años, pero el destino tenía otros planes para su carrera.
Estas son algunas de las historias más llamativas sobre el impacto deportivo de estas citas mundialistas.
En el verano de 1990, Salvatore Schillaci no figuraba entre las grandes estrellas del fútbol italiano. Había construido su carrera lejos de los equipos más grandes de la Serie A. Tras destacar en el Messina, la Juventus lo fichó apenas un año antes del Mundial. Su primera temporada fue buena, pero no fue excepcional. Italia contaba con delanteros de mucho mayor prestigio, como Andrea Carnevale y Roberto Baggio. Schillaci llegó al torneo como suplente, sin grandes expectativas.
Nadie imaginaba que sería el rostro del Mundial. Durante la Copa del Mundo en su propio país, el destino de ‘Toto’ cambió en el partido inaugural. Cuando Italia sufría para vencer a Austria, Azeglio Vicini envió a Schillaci al campo. Pocos minutos después marcó de cabeza el gol del triunfo, y aquella anotación cambió su trayectoria deportiva. Partido tras partido siguió anotando, convirtiendo a Checoslovaquia, Uruguay, Irlanda y Argentina. Terminó el torneo con seis goles. Fue el máximo goleador, Ganador del Balón de Oro al mejor jugador del Mundial y símbolo de una nación.
Durante un mes entero pareció el heredero de Paolo Rossi, pero después de este evento planetario no pudo mantener el rendimiento de élite. Schillaci siguió algunas temporadas en la Juventus, pero nunca volvió a acercarse a su explosión mundialista. En 1992 fichó por el Inter de Milán, alternando buenas actuaciones con largas lesiones y pérdida de protagonismo. La selección italiana cambió de generación. Schillaci fue desapareciendo de las convocatorias y no disputó otro Mundial.
En 1994 tomó una decisión poco habitual y marcharse a Japón para jugar con el Júbilo Iwata, cuando la liga japonesa recién comenzaba a profesionalizarse. Allí terminó su carrera en el fútbol. El delantero era un jugador correcto, pero lejos del grupo de las grandes figuras europeas. Había jugado en el Dinamo Kiev y posteriormente en el Logroñés español, un club modesto de LaLiga. Su nombre apenas aparecía en las conversaciones sobre los mejores atacantes del continente.
Rusia llegó a Estados Unidos 1994 sin demasiadas expectativas. Su debut fue discreto, y cayó ante Suecia, quedando eliminada. Parecía un Mundial olvidable para Salenko. Sin embargo, en el último partido ocurrió algo irrepetible al marcar cinco goles ante Camerún. Nadie ha vuelto a repetir semejante registro en una Copa del Mundo. Por lo tanto, terminó como goleador del torneo con seis tantos. El máximo anotador del torneo disputó únicamente tres partidos.
No obstante, después de esta cita en EEUU, aquella actuación nunca tuvo continuidad. Pasó por clubes modestos. Las lesiones comenzaron a acumularse y jamás logró consolidarse como una figura internacional de primer nivel. Nunca volvió a participar en un Mundial.
A diferencia de otros casos, Roger Milla no era un desconocido. Había desarrollado una larga carrera en Francia. Cuando llegó a Italia 90, tenía 38 años y estaba prácticamente retirado. El presidente de Camerún le pidió personalmente que volviera para participar en el Mundial. Aceptó casi como un último servicio a su país y lo que siguió es historia del fútbol. Marcó dos goles en su vuelta. Cada gol iba acompañado por su famoso baile junto al banderín del córner. Camerún llegó hasta cuartos de final, y Milla se convirtió en un símbolo del continente en el deporte.
La leyenda quedó asociada para siempre a Italia 90.
El otrora delantero, era una de las grandes promesas del fútbol senegalés. Jugaba en el Lens francés, donde destacaba por su velocidad y desequilibrio. Senegal debutaba en un Mundial y todo comenzó con una sorpresa histórica. Derrotó a Francia, vigente campeona del mundo. A partir de allí se convirtió en una de las grandes figuras del torneo. Senegal alcanzó los cuartos de final y Diouf parecía destinado a ser uno de los mejores delanteros mundiales.
A pesar de las cifras económicas, nunca cumplió las expectativas de su trayectoria profesional. Con el paso de los años, comenzó a ser más conocido por sus problemas fuera del campo que por su rendimiento deportivo.
Asamoah Gyan ya era una figura relevante de Ghana. No era un desconocido, pero todavía no pertenecía al grupo de las grandes estrellas internacionales. Durante el Mundial fue el líder absoluto de Ghana, llevando a su selección hasta los cuartos de final. Entonces llegó una de las escenas más dramáticas de la historia de los Mundiales. Si convertía el penal, Ghana sería el primer país africano en alcanzar unas semifinales.
En pocos segundos, Gyan pasó de poder ser el héroe más grande del fútbol africano a cargar con una de sus imágenes más dolorosas.
El mediocampista colombiano ya era considerado uno de los grandes talentos sudamericanos. Había brillado en Banfield, Porto y Mónaco. Brasil 2014 sería su presentación ante el público mundial. Y el Mundial fue el torneo de su vida. Marcó seis goles y se convirtió en goleador del campeonato.
Con apenas 22 años, parecía llamado a dominar el deporte mundial durante una década. Tras el Mundial su paso por el Real Madrid comenzó muy bien, pero pronto aparecieron las lesiones y la irregularidad. Los cambios de entrenador redujeron su protagonismo. Pasó por muchos clubes sin volver a alcanzar el nivel de Brasil 2014.
Odonkor era un extremo muy rápido del Borussia Dortmund. Su convocatoria al Mundial en suelo germano sorprendió a muchos. El seleccionador encontró un papel perfecto para él. Cada ingreso generaba entusiasmo entre los aficionados alemanes. Parecía una futura estrella, y el Real Betis apostó fuerte por contratarlo.
Pero las lesiones comenzaron inmediatamente tras la cita planetaria. Problemas musculares y de rodilla limitaron casi toda su carrera en el fútbol. Su recuerdo quedó ligado casi exclusivamente a Alemania 2006.
Esto demuestra que el fútbol mundialista es un evento distinto al resto del deporte. Dura apenas un mes, se juega bajo enorme presión, y cualquier gol puede cambiar una carrera. Pero después llega la realidad con las lesiones, la alta competencia, las expectativas y la dificultad de sostener aquel nivel de máximo rendimiento. Muchos fueron estrellas durante 30 días, pero muy pocos lograron ser figuras consistentes.
