El Mundial de Fútbol arranca este jueves en Ciudad de México, con los tres países anfitriones —México, Estados Unidos y Canadá— enfrentados por diversas cuestiones comerciales y de seguridad. Los aficionados ya protestan por los precios exorbitantes de las entradas para la Copa Mundial y por las restricciones migratorias estadounidenses.
México, Estados Unidos y Canadá organizan conjuntamente este gran Mundial, que se celebrará en 16 ciudades durante las próximas cinco semanas. El evento llega en un contexto de tensión internacional debido al narcotráfico y las dudas sobre el futuro de su acuerdo de libre comercio de US$ 2 billones. Se espera que millones de personas sintonicen el partido inaugural de México contra Sudáfrica en el estadio Azteca, esperando un Mundial que prometió ser un símbolo de unidad norteamericana, pero que está lejos de reflejar esa armonía.
El ambiente en la Ciudad de México es de palpable preocupación. La creciente tensión entre los anfitriones se evidencia por los enfrentamientos políticos y por las recientes acciones de Estados Unidos en materia migratoria, tales como la denegación de visas para cuerpos técnicos o la detención de migrantes en la frontera. Estos factores han añadido una capa de complejidad política a lo que debería ser un gran festival del fútbol.
En la propia Ciudad de México, las manifestaciones son habituales por problemas internos, desde el salario de los maestros hasta la seguridad debido a la violencia de los cárteles. A pesar de los esfuerzos por mejorar la infraestructura de transporte para el Mundial, muchos problemas de la urbe, como los drenajes deficientes, siguen siendo motivo de preocupación para los locales.
A pesar del descontento y la falta de preparación en términos de infraestructura, las entradas para la selección mexicana siguen siendo muy codiciadas, superando con creces los precios de torneos pasados. La comunidad futbolística espera que el torneo traiga un respiro y rompa cualquier mala racha, aunque la gestión de los tres países anfitriones aún genera dudas sobre la cohesión y el éxito global de la Copa Mundial 2026.
